Durante 25 años, Cimarrón ha llevado la música llanera a escenarios de cinco continentes, demostrando que la tradición puede dialogar con nuevas sonoridades sin perder sus raíces. Bajo la dirección de Ana Veydó, la agrupación colombiana ha construido una propuesta que reivindica la diversidad cultural del Orinoco y explora las posibilidades del joropo más allá de sus fronteras.
En el marco de esta celebración, Cimarrón llegará al Teatro Metropolitano de Medellín el próximo 22 de octubre. Conversamos con Ana Veydó sobre los orígenes de la agrupación, su evolución musical, las experiencias que han marcado su recorrido internacional y lo que el público podrá vivir en este concierto.
Cimarrón cumple 25 años de trayectoria y, desde sus inicios, se propuso llevar la música llanera más allá de sus fronteras habituales. ¿Cómo fueron esos primeros pasos y qué sueños tenían tú y Carlos cuando decidieron emprender este proyecto?
En el año 2000, pensar en que una banda tradicional —incluso de música colombiana— pudiera presentarse en escenarios fuera del país era inimaginable. Carlos y yo queríamos salir del ámbito local, de ese territorio donde parecía estar confinado el joropo. En ese momento, ni siquiera se escuchaba mucho en Colombia. Empezamos a imaginar por dónde queríamos transitar y encontramos una posibilidad en el circuito de la llamada *world music*. Allí comenzamos a soñar y a creer en nuestro proyecto. Fue un momento importante porque no había un camino trazado para nosotros. Siempre reconozco el trabajo que hacía entonces Totó la Momposina, quien fue un gran referente.
Desde el comienzo, Cimarrón ha buscado trascender los límites habituales del joropo y explorar nuevos formatos. ¿Cómo han encontrado el equilibrio entre la tradición y la innovación a lo largo de estos 25 años?
La necesidad de estar anclados en la raíz y, al mismo tiempo, ir más allá nos dio libertad para crear. Esa ha sido una característica de Cimarrón. Sentíamos que algo se había quedado en el camino al contar la historia del joropo: siempre nos hablaban de una raíz vinculada al flamenco, pero nosotros percibíamos también una presencia afro e indígena.
Esa intuición nos llevó a explorar una percusión más propia. Creamos nuestro set e incorporamos el zapateo solista como parte de esa percusión afro; después sumamos el cajón peruano y fuimos ampliando los recursos percusivos hasta integrarlos de manera natural a nuestra sonoridad.
También vimos el potencial de las cuerdas y propiciamos un diálogo entre el arpa y la bandola criolla de Maní. Queríamos evitar que la llegada del arpa asociada al joropo venezolano hiciera olvidar la bandola. Hemos explorado distintos campos para construir una propuesta más integral de la música de la Orinoquía.
En Colombia se asociaba la música con el baile, especialmente con géneros como la cumbia. Para nosotros era un reto compartir escenario con grandes agrupaciones de música africana y lograr que el joropo tuviera una presencia sonora amplia. No se trataba de añadir instrumentos para crear una fusión artificial, sino de visibilizar elementos que ya estaban en nuestra música y que habían permanecido ocultos.
¿Cuáles han sido las principales influencias musicales que han inspirado la evolución sonora de Cimarrón?
Más que plegarnos a un género específico, como el jazz o el rock, nos interesa explorar las posibilidades de nuestra propia música. A veces, por la fuerza de la percusión o de las melodías, la gente piensa que estamos haciendo rock, por ejemplo. En ciertos momentos rozamos otras músicas del mundo, pero seguimos en nuestra raíz.
Ese enfoque nos ha permitido extendernos y descubrir los diálogos que el joropo puede establecer con otras tradiciones. También reconocemos que esas músicas pueden compartir raíces. Para nosotros, el encuentro se da de manera natural.
Cimarrón ha construido una propuesta escénica propia, en la que convergen los instrumentos, el zapateo y una estética particular. ¿Cómo ha evolucionado su manera de presentar el llano y la identidad llanera ante públicos de distintos países y continentes?
Ha sido un trabajo que ha evolucionado con cada etapa. En un momento sentimos la necesidad de hacer más visible la presencia indígena. Hablar de la Orinoquía y del joropo como expresión de toda una región sin que aparezca nada de lo indígena sería un despropósito, incluso una falta de respeto.
Esa presencia está integrada de manera definitiva en nuestra puesta en escena y en nuestra sonoridad, aunque durante mucho tiempo se haya ignorado su aporte a la música. Cada vez que presentamos nuestra propuesta, buscamos que el público se lleve una idea más amplia de la región, más allá de la imagen de una sabana verde con caballos y ganado.
En nuestra música también se puede sentir la selva, la diversidad de las comunidades indígenas y las distintas formas de vida y economías de la Orinoquía.

Después de cerca de 560 conciertos en 48 países, ¿qué han aprendido de los públicos y qué experiencias los han marcado especialmente?
Una de las experiencias más importantes de los últimos años fue la gira por Japón, donde ofrecimos 18 conciertos en algunas de sus ciudades y teatros más importantes. El año pasado también estuvimos en Taiwán, con el mismo propósito de llevar nuestra música a grandes escenarios.
A lo largo de estos años hemos comprobado que los seres humanos, en cualquier lugar del mundo, estamos atravesados por emociones similares. Cada público las expresa de una manera distinta. Es diferente ver a un europeo saltar y gritar que a una persona asiática escuchar con los ojos cerrados, sintiendo la música de otra forma. Pero en ambos casos hay emoción y conmoción.
Estas experiencias nos han dado muchas ganas de seguir trabajando y nos han confirmado que el esfuerzo ha valido la pena. En Osaka, por ejemplo, nos presentamos en un teatro que el público recordaba porque allí Pink Floyd había grabado un álbum. Era un escenario acostumbrado a grandes propuestas de música clásica, rock y jazz. Para nosotros es importante llegar a públicos que escuchan distintas músicas del mundo y que quieren conocer una propuesta colombiana de calidad. Eso nos llena de orgullo.
Después de recorrer tantos países y escenarios, ¿qué territorios musicales o públicos sienten que todavía les falta explorar?
Llegar a Asia fue un gran reto y nos permitió conocer otros públicos. Nos encantó y sentimos que todavía hay mucho por explorar, especialmente en relación con las músicas latinas. En algunos de los teatros donde nos presentamos, era la primera vez que el público escuchaba música latina. Nos quedamos con ganas de seguir trabajando en Asia: es una región muy amplia e importante para nosotros.
También queremos seguir acercándonos a América Latina. A veces sentimos que nuestras propuestas no siempre reciben allí la atención o el respeto que merecen, así que queremos seguir trabajando para que más públicos latinoamericanos conozcan a Cimarrón y nuestra música.
En 2005 fueron nominados al Grammy anglo en la categoría de mejor álbum de música tradicional por 'Sí soy llanero'. ¿Qué significó ese reconocimiento para la agrupación y cómo marcó su trayectoria?
Fue muy importante, sobre todo para la banda y para el género. Era la primera vez que se hablaba de música tradicional en los Grammy anglo y, hasta ahora, somos la primera y única banda de música tradicional en esa categoría. Nos parecía increíble que una música poco conocida incluso en Colombia, y considerada de nicho, fuera tenida en cuenta por el jurado.
Recuerdo que competíamos con agrupaciones africanas, entre otras. Una de ellas ganó y tenía mucha relevancia en ese momento. Para nosotros, la nominación fue un espaldarazo: nos confirmó que podíamos seguir por ese camino.
Este año lanzaron el sencillo 'Superba'. ¿Anuncia una nueva etapa para Cimarrón? ¿Qué pueden esperar del próximo álbum?
Estamos trabajando en un nuevo álbum y 'Superba' es el primer sencillo. Queremos traer nuevos sonidos. Para mí, la raíz no debe entenderse como una veneración ni como una obligación que haya que cumplir. Se trata de reconocer que esa música tiene una fuerza propia que vale la pena conservar. Esa mirada es más genuina, honesta y enriquecedora para nosotros como creadores.
Nos interesa asumir un compromiso con nuestra música y reconocer el potencial que tiene. Esa raíz será el fundamento del nuevo álbum: cuando uno la conoce, confía en ella y se siente cómodo dentro de ella, puede crear propuestas novedosas.
El próximo 22 de octubre se presentarán en el Teatro Metropolitano, en el marco de Homenaje Colombia, un ciclo dedicado a artistas que han engrandecido la cultura y la música colombianas. ¿Qué puede esperar el público de Medellín de este concierto?
El público puede esperar el compromiso con el que asumimos cada escenario. Así como somos serios, decididos y respetuosos cuando nos presentamos en Asia, lo seremos en el Teatro Metropolitano.
Estoy segura de que el público saldrá feliz, conmovido y tocado por nuestra música. Además de entretener, queremos invitar a pensar y reflexionar, y ofrecer una idea más amplia de lo que es la Orinoquía. Será un viaje sensorial por una región diversa. El público de Medellín siempre ha estado con nosotros, espera lo mejor y sabe que respondemos a esa expectativa.







