La historia de la Quinta de Mahler

Mahler
Mahler

La historia de la Quinta de Mahler

La Quinta Sinfonía de Mahler es tal vez la más conocida, la más cercana al oído no Malheriano, la más diversa en temáticas y colores. Tal vez, por el momento de la vida que atravesaba, con un nuevo amor, el de Alma, y por las situaciones favorables que atravesaba en ese momento como una de las batutas más renombradas del mundo.

Precisamente Mahler sólo podía dedicarse a la composición en verano porque el resto del tiempo debía atender sus compromisos como director, actividad en la que para ese momento se destacó principalmente, mientras que la composición le aguardó el éxito, como él mismo lo predijo, para unos 50 años más adelante.

Su carrera de director fue, sencillamente, espectacular. No sólo dirigió buena parte de las óperas del repertorio alemán, italiano y francés, sino que interpretó con nueva mirada una buena parte del repertorio clásico y romántico, reorquestando, además, algunas de las vacas sagradas que se creían intocables, como es la Novena Sinfonía de Beethoven, por ejemplo. De hecho, muchas de interpretaciones modernas de la inmortal Novena se suelen hacer según la partitura arreglada por Mahler. Dirigió en las más reputadas Salas de Concierto europeas o norteamericanas, consiguiendo éxitos sin precedentes. Pero, como compositor, apenas tuvo éxito alguno. Prácticamente todas sus sinfonías fueron estrenadas sin pena ni gloria; a excepción de la octava, la Sinfonía de Los Mil.

Gustav_Mahler

Fue precisamente en el periodo entre 1901-1902 cuando Mahler conoció a la que sería su esposa: Alma Schlindler. La pareja se casó el 9 de marzo de 1902 y al final del verano de aquél año Mahler “estrenó” la sinfonía interpretándola al piano para Alma.

Esta es la primera sinfonía de Mahler que no estuvo directa o indirectamente implicada con la voz humana (la segunda, tercera y cuarta usan voz/voces y la primera comparte material con dos lieder del ciclo Canciones de un Caminante) singularidad que hizo que la rutinas previamente establecidas con las cuatro anteriores resultaran totalmente inadecuadas para esta sinfonía, motivo por el cual Mahler nunca llegó a estar completamente satisfecho con la orquestación que revisó una y otra vez hasta su muerte.

A este respecto, Alma declaró que a su esposo “… le fue imposible estar satisfecho con su trabajo e incluso llegó a exigir un acuerdo del editor parta que cualquier modificación de la sinfonía fuera incluída en las ediciones futuras y agregada a cualquier copia no vendida que estuviera ya impresa”.

En una carta dirigida a su esposa, Mahler aseguraba: “el scherzo es un movimiento endemoniado que va a tener grandes problemas. Los directores lo tomarán demasiado rápido y harán con él tonterías (…) ¿Y el público que va a entender, que van a decir de esta música primigenia, de este mar de centelleantes rompientes que echa espuma, que ruge, que se enfurece…? Esta música no es de este tiempo. ¡Oh si pudiera dar el estreno de esta sinfonía 50 años después de mi muerte”.

El resultado es una sinfonía variadísima, donde podemos asistir a muchísimas combinaciones instrumentales, desde esa Marcha Funeral del primer movimiento que casi es una composición para trompeta solista y orquesta, al Scherzo, que es virtualmente un movimiento de concierto para trompa y orquesta, o el Adagietto, para arpa y cuerda, o esas fulgurantes intervenciones solistas del corno inglés, del contrafagot, del timbal, de las flautas…

Precisamente fue el Adagietto, el que permitió redescubrir a Mahler en los años 70 y a partir de allí reconocer toda su dimensión como compositor. Su fama radica en que esta parte de la obra fue tomada por Visconti para su película Muerte en Venecia, una obra que tenía mucho que ver con la vida del compositor.

No fue casual ni arbitrario que Visconti introdujera este adagietto como banda sonora de su película Muerte en Venecia basada en la novela homónima de Thomas Mann. Cuando Mann escribió la novela en 1911 lo hizo a raiz de la muerte de Gustav Mahler de quien era un profundo admirador. Thomas Mann estaba hospedado en el Hotel des Baines del Lido cuando conoció la noticia de la gravedad de Mahler, el mismo escenario que Visconti utilizó para la transcripción cinematográfica de la novela de Mann. A modo de homenaje, y en un intento de que no hubiese dudas al respecto de su intención, el cineasta hizo que el protagonista de la novela pasase a ser músico en lugar de escritor como en la novela. La música de Mahler, y en especial el adagietto, se convierten en fondo de escena de los momentos más dramáticos y sublimes de la controvertida cinta en la que el director identifica demasiado al protagonista con la figura de Gustav Mahler, una libre versión de la novela de Mann que nos muestra a un Mahler que, en lo sustancial, para nada coincide con el real.

En fin, una obra poderosa, con diversidad de colores, llena del mundo malheriano que pasa por el mayor ostracismo hasta el amor más profundo. Además, una obra que bajo la batuta de Sir Simon Rattle adquiere otra dimensión con su infinita multiplicidad de mundos expresivos y sonoros. Esta obra lo acompañó en su noche de estreno como Director Titular de la Filarmónica de Berlín y nuevamente la selecciona ahora que emprende su primera gira por Sur América al frente de la Sinfónica de Londres.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *